Grupo de invitados cantando y celebrando durante el cóctel de una boda en Asturias

Esto es lo que busco cuando fotografío una boda: momentos que están ocurriendo de verdad

Cómo entiendo la fotografía de bodas

Durante años pensé que la fotografía consistía en aprender a mirar.

Hoy creo que consiste en algo más: aprender a entender a las personas.

Después de más de 250 bodas he llegado a una conclusión sencilla: las fotografías son importantes, pero lo que realmente importa son las personas que aparecen en ellas.

Por eso no entiendo una boda como una colección de fotos bonitas.

La entiendo como una historia llena de familias, amigos, emociones, recuerdos y momentos que no volverán a repetirse.

Juan Llavio, fotógrafo de bodas en Asturias, junto a su mujer durante una celebración

La fotografía ocupa una parte importante de mi vida. Las personas que la comparten conmigo, mucho más

Llegué a las bodas por la fotografía. Me quedé por las personas.

Antes de dedicarme profesionalmente a las bodas asistí a muchas como invitado y veía casi siempre la misma escena.

El fotógrafo diciendo:

“Ponte aquí.”

“Ahora miradme.”

“Ahora caminad otra vez.”

“Ahora haced como que os reís.”

Y aunque las fotografías pudieran quedar bonitas, había algo que no terminaba de encajarme.

La boda se detenía.

La historia dejaba de avanzar.

Y los novios pasaban de vivir su día a interpretar un papel delante de una cámara.

Por eso decidí trabajar de otra manera.

No os voy a pedir que hagáis cosas que no haríais normalmente.

No os voy a interrumpir constantemente.

No os voy a convertir en modelos durante doce horas.

Prefiero que disfrutéis vuestra boda.

Porque cuando una pareja está pendiente de vivir el momento, ocurren cosas mucho más interesantes que cualquier posado.

Ocurren las fotografías que nadie puede planificar.

Una mirada.

Un abrazo.

Una carcajada.

Una lágrima que aparece cuando nadie la espera.

Eso es lo que me interesa.

Novia emocionada junto a una amiga durante los preparativos de una boda en Asturias

Las fotografías son importantes. Las personas que aparecen en ellas, mucho más.

Juan Llavio fotografiando la llegada de una novia durante una boda en Asturias mientras observa y documenta la escena sin intervenir

Mi forma de trabajar


Llevo más de 250 bodas fotografiadas y sigo llegando a cada una con la misma idea: observar antes que intervenir.

No creo que una boda necesite un director.

Creo que necesita a alguien atento a lo que está ocurriendo.

Mi trabajo consiste en anticiparme a los momentos, moverme con discreción y estar donde las cosas suceden antes de que desaparezcan.

No dirijo constantemente una boda.

No voy colocando a la gente donde creo que debería estar.

No interrumpo momentos para repetirlos delante de la cámara.

Con los años he aprendido que las mejores fotografías suelen ocurrir justo cuando nadie está pensando en una fotografía.

Por eso paso gran parte del día observando.

Estoy atento a las personas, a la luz, a lo que ocurre alrededor y a esos pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos.

Intento anticiparme a los momentos en lugar de provocarlos.

Mi trabajo consiste en documentar lo que sucede, no en sustituirlo

Juan Llavio durante una boda en Asturias observando y documentando momentos reales

Lo que ocurre durante una boda

Una boda dura muchas horas.

Preparativos, ceremonia, cocktail, comida, discursos, baile, abrazos, nervios, lluvia, risas y momentos que nadie puede prever.

Mi forma de trabajar cambia muy poco durante todo el día: observar, anticiparme y documentar lo que ocurre sin convertir la boda en una sesión de fotos.

No quiero que recordéis vuestra boda como un día lleno de fotografías.

Quiero que la recordéis como vuestra boda.

Ver cómo trabajo durante una boda

Lo que una pareja no necesita

No hace falta saber posar.

No hace falta tener experiencia delante de una cámara.

No hace falta que todo salga perfecto.

Ni siquiera hace falta que el día sea exactamente como lo habíais imaginado.

Lo importante no es que la boda se parezca a una editorial.

Lo importante es que se parezca a vosotros.

Lugares que conozco bien

Después de más de 250 bodas hay lugares a los que he vuelto muchas veces.

Y ocurre algo curioso.

Cuando llegas por primera vez a un palacio o una finca, te fijas en la arquitectura, los jardines o las vistas.

Cuando vuelves diez veces, empiezas a fijarte en otras cosas.

Dónde aparece la mejor luz al final de la tarde.

Qué espacios funcionan mejor si llueve.

Dónde se reúne la gente de forma natural durante el cóctel.

Qué rincones parecen espectaculares pero apenas se utilizan.

Y cuáles son los lugares donde las bodas suelen fluir de verdad.

He trabajado muchas veces en sitios como el Palacio de Valdesoto, Palacio de Villabona, Palacio de Moutas, Castillo de San Cucao, Palacio de La Concepción, Palacio de La Riega, Castiello de Selorio, Palacio de Conde de Toreno y Palacio de Agüera.

Cada uno tiene personalidad propia.

Y cada uno me ha enseñado cosas distintas sobre las bodas.

Lo que he aprendido en los lugares donde he trabajado

Al final, todo se reduce a la las personas

He fotografiado bodas bajo la lluvia.

Con sol.

En palacios.

En fincas.

En restaurantes.

Con doscientos invitados.

Y con veinte.

Lo que permanece nunca ha sido el lugar.

Ni la decoración.

Ni siquiera las fotografías por sí solas.

Lo que permanece son las personas.

Las conversaciones que ocurrieron.

Los abrazos que llegaron cuando nadie los esperaba.

Las risas.

Los nervios.

Los recuerdos que una familia seguirá contando dentro de muchos años.

Y por eso sigo creyendo lo mismo que el primer día:

Las fotografías son importantes. Las personas que aparecen en ellas, mucho más.



Si habéis llegado hasta aquí, probablemente ya sabéis cómo entiendo una boda.