Grupo de invitados cantando y celebrando durante el cóctel de una boda en Asturias

Esto es lo que busco cuando fotografío una boda: momentos que están ocurriendo de verdad

Cómo entiendo la fotografía de bodas

Durante años pensé que la fotografía consistía en aprender a mirar.

Hoy creo que consiste en aprender a entender a las personas.

Después de más de 250 bodas he llegado a una conclusión sencilla: las fotografías son importantes, pero lo que realmente importa son las personas que aparecen en ellas.

Por eso no entiendo una boda como una colección de fotos bonitas. La entiendo como una historia llena de familias, amigos, emociones, recuerdos y momentos que no volverán a repetirse.

Juan Llavio, fotógrafo de bodas en Asturias, junto a su mujer durante una celebración

La fotografía ocupa una parte importante de mi vida. Las personas que la comparten conmigo, mucho más

Llegué a las bodas por la fotografía. Me quedé por las personas.


Mi primera cámara la compré hace más de veinte años, cuando dejé el trabajo que tenía entonces.

No era una gran cámara. Tampoco tenía una larga trayectoria detrás. Lo que sí tenía eran muchas ganas de aprender.

Había realizado varios cursos de fotografía profesional partiendo desde cero y enseguida descubrí algo que sigo creyendo hoy: siempre hace más el que quiere que el que puede.

Antes de fotografiar bodas pasaba gran parte de mi tiempo libre recorriendo Asturias con la cámara al hombro. Me gustaba fotografiar montañas, bosques, playas, cascadas, plantas e insectos. Cualquier rincón que llamara mi atención.

Pero había algo que me atraía tanto como los paisajes: las personas.

Recuerdo muchas tardes caminando por el muro de San Lorenzo, en Gijón, observando lo que ocurría a mi alrededor. Surfistas entrando al agua, pescadores esperando una picada, gente paseando a sus perros, corredores, familias disfrutando de la playa o temporales que convertían el paseo en un espectáculo.

Con el tiempo me di cuenta de que lo que más me interesaba no era el lugar. Era la vida que ocurría dentro de él.

La primera boda llegó de una forma bastante sencilla. Una vecina me comentó que su hermana se casaba y necesitaba fotógrafo.

Acepté.

Y sí, fue una boda pagada.

Nunca he creído en eso de empezar regalando el trabajo. Siempre he pensado que una profesión debe valorarse desde el principio. He trabajado por menos dinero cuando estaba empezando, como cualquier profesional, pero nunca gratis.

Cuando entregué aquel reportaje ocurrió algo que todavía hoy sigue siendo una de las mejores partes de mi trabajo: vi la reacción de quienes recibían las fotografías.

Les gustaron.

Mucho.

Y descubrí algo que no esperaba.

Me gustaba hacer fotografías, pero me gustaba todavía más ver cómo esas fotografías conectaban con las personas.

Fue entonces cuando entendí que las bodas reunían las dos cosas que más me habían interesado desde el principio: la fotografía y las personas.

Desde entonces he fotografiado más de 250 bodas en Asturias y fuera de Asturias.

Y cuanto más tiempo pasa, más convencido estoy de que una boda nunca va solo de fotografías.

Va de familias.

Va de amistades.

Va de recuerdos.

Va de personas que se reúnen durante unas horas para celebrar algo que no volverá a repetirse exactamente igual.

Por eso trabajo como trabajo.

Porque lo que me interesa no es fabricar recuerdos.

Me interesa conservar los que ya están ocurriendo


Novia emocionada junto a una amiga durante los preparativos de una boda en Asturias

Las fotografías son importantes. Las personas que aparecen en ellas, mucho más.

Después de más de 250 bodas he llegado a una conclusión sencilla:

una boda nunca va solo de fotografías.

Va de personas.

De quienes se casan.

De quienes les acompañan.

De los abrazos, las risas, los nervios, las lágrimas y los momentos que ocurren cuando nadie está pendiente de una cámara.

Por eso intento documentar lo que sucede en lugar de dirigir constantemente lo que sucede.

Antes de dedicarme profesionalmente a la fotografía asistí a muchas bodas como invitado y veía siempre la misma escena.

El fotógrafo diciendo:

"Ponte aquí."

"Ahora mírame."

"Ahora caminad otra vez."

"Ahora haced como que os reís."

Y aunque las fotografías pudieran quedar bonitas, había algo que no terminaba de encajarme.

La boda se detenía.

La historia dejaba de avanzar.

Y los novios pasaban de vivir su día a interpretar un papel delante de una cámara.

Por eso decidí trabajar de otra manera.

No os voy a pedir que hagáis cosas que no haríais normalmente.

No os voy a interrumpir constantemente.

No os voy a convertir en modelos durante doce horas.

Prefiero que disfrutéis de vuestra boda.

Porque cuando una pareja está pendiente de vivir el momento, ocurren cosas mucho más interesantes que cualquier posado.

Ocurren las fotografías que nadie puede planificar.

Una mirada.

Un abrazo.

Una carcajada.

Una lágrima que aparece cuando nadie la espera.

Eso es lo que me interesa.

Mi trabajo consiste en observar, anticiparme a lo que está sucediendo y estar preparado cuando ocurre.

Nada más.

Y nada menos.

No me representa la fotografía que obliga a las personas a salir de una escena para construir otra más bonita para la cámara.

Tampoco la obsesión por fotografiar absolutamente todo.

Ni los reportajes donde cada invitado tiene que posar individualmente porque sí.

Una boda no necesita miles de fotografías repetidas.

Necesita un relato.

Un conjunto de imágenes que expliquen quiénes estabais allí, cómo os sentíais y qué ocurrió realmente durante aquel día.

Porque las fotografías más valiosas casi nunca son las más preparadas.

Suelen ser las más sinceras.

Las que ocurren cuando nadie está pensando en la cámara.

Las que dentro de veinte o treinta años os harán recordar algo que ni siquiera sabíais que estaba pasando.

Y por eso sigo creyendo lo mismo que el primer día:

No busques lo cercano, busca lo real.


Juan Llavio fotografiando la llegada de una novia durante una boda en Asturias mientras observa y documenta la escena sin intervenir

Mi forma de trabajar


Llevo más de 250 bodas fotografiadas y sigo llegando a cada una con la misma idea: observar antes que intervenir.

No creo que una boda necesite un director. Creo que necesita alguien atento a lo que está ocurriendo.

Mi trabajo consiste en anticiparme a los momentos, moverme con discreción y estar donde las cosas suceden antes de que desaparezcan.

No dirijo constantemente una boda.

No voy colocando a la gente donde creo que debería estar ni interrumpo momentos para repetirlos delante de la cámara.

Con los años he aprendido que las mejores fotografías suelen ocurrir justo cuando nadie está pensando en una fotografía.

Por eso paso gran parte del día observando.

Me muevo mucho. Estoy atento a las personas, a la luz, a lo que ocurre alrededor y a los pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos.

Intento anticiparme a los momentos en lugar de provocarlos.

No quiero que recordéis vuestra boda como un día lleno de fotografías.

Quiero que la recordéis como vuestra boda.

Mi trabajo consiste en documentar lo que sucede, no en sustituirlo.

Por supuesto hay momentos en los que ayudo, aconsejo o acompaño. Lo hago cuando hace falta.

Si una pareja está nerviosa, la tranquilizo.

Si alguien no sabe qué hacer delante de la cámara, le ayudo.

Si llueve, buscamos soluciones.

Pero siempre intento que las cosas sigan ocurriendo de forma natural.

Porque cuanto menos pendiente está una persona de la cámara, más se parece la fotografía a quien realmente es.


Juan Llavio durante una boda en Asturias observando y documentando momentos reales

Lo que ocurre durante una boda

Una boda dura muchas horas.

Preparativos, ceremonia, cocktail, comida, discursos, baile, abrazos, nervios, lluvia, risas y momentos que nadie puede prever.

Mi forma de trabajar cambia muy poco durante todo el día: observar, anticiparme y documentar lo que ocurre sin convertir la boda en una sesión de fotos.

👉 Ver cómo trabajo durante una boda

Lo que he aprendido después de más de 250 bodas

Después de tantos años fotografiando bodas he descubierto algo curioso.

Los lugares importan.

La decoración importa.

La comida importa.

Pero casi nunca son lo que más se recuerda.

Lo que permanece son las personas, las conversaciones, las emociones y las historias que suceden entre ellas.

👉 Ver lo que he aprendido después de más de 250 bodas

Lugares que conozco bien

Después de más de 250 bodas hay lugares a los que he vuelto muchas veces.

Y ocurre algo curioso.

Cuando llegas por primera vez a un palacio o una finca, te fijas en la arquitectura, los jardines o las vistas.

Cuando vuelves diez veces, empiezas a fijarte en otras cosas.

Dónde aparece la mejor luz al final de la tarde.

Qué espacios funcionan mejor si llueve.

Dónde se reúne la gente de forma natural durante el cóctel.

Qué rincones parecen espectaculares pero apenas se utilizan.

Y cuáles son los lugares donde las bodas suelen fluir de verdad.

He trabajado muchas veces en sitios como el Palacio de Valdesoto, Palacio de Villabona, Palacio de Moutas, Castillo de San Cucao, Palacio de La Concepción, Palacio de La Riega, Castiello de Selorio, Palacio de Conde de Toreno y Palacio de Agüera.

Cada uno tiene personalidad propia.

Y cada uno me ha enseñado cosas distintas sobre las bodas.

👉 Lo que he aprendido en los lugares donde he trabajado

Las preguntas que más me hacen los novios

Después de más de 250 bodas hay preguntas que se repiten una y otra vez.

Algunas tienen que ver con la fotografía.

Otras tienen más que ver con los nervios, la organización o las dudas normales de quien nunca se ha casado antes.

Y casi siempre empiezo respondiendo lo mismo:

No hace falta saber posar.

No hace falta tener experiencia delante de una cámara.

No hace falta que el día salga perfecto.


No sabemos posar

Perfecto.

La inmensa mayoría de las parejas que fotografío tampoco.

Por eso mi forma de trabajar no se basa en colocaros constantemente delante de la cámara.

Se basa en que podáis vivir vuestro día con naturalidad.


¿Y si llueve?

Estamos en Asturias.

La lluvia no es una excepción.

Forma parte del paisaje.

Después de tantos años he aprendido que una boda no se arruina porque llueva.

Lo importante es cómo se vive ese día.


¿Es obligatoria la preboda?

No.

Pero suele ayudar mucho.

Sirve para conocernos, resolver dudas y que el día de la boda todo resulte más natural.


¿Cuánto dura el reportaje de pareja?

Mucho menos de lo que la mayoría imagina.

Prefiero que estéis disfrutando con vuestra gente en el cóctel antes que pasar una hora lejos de ellos haciendo fotografías.


Al final, todo se reduce a las personas

He fotografiado bodas bajo la lluvia.

Con sol.

En palacios.

En fincas.

En restaurantes.

Con doscientos invitados.

Y con veinte.

Lo que permanece nunca ha sido el lugar.

Ni la decoración.

Ni siquiera las fotografías.

Lo que permanece son las personas.

Las conversaciones que ocurrieron.

Los abrazos que llegaron cuando nadie los esperaba.

Las risas.

Los nervios.

Los recuerdos que una familia seguirá contando dentro de muchos años.

Por eso sigo fotografiando bodas.

Porque ninguna vuelve a repetirse.

Y porque después de más de 250 bodas sigo pensando lo mismo que el primer día:

Las fotografías son importantes. Las personas que aparecen en ellas, mucho más.


Si habéis llegado hasta aquí, probablemente ya sabéis cómo entiendo una boda.