LUZ Y AIRE FRESCO. FOTOGRAFÍA NUPCIAL DEL SIGLO XXI

Fotógrafo de bodas en Gijón y Avilés

En las últimas semanas hemos vivido malos tiempos. Al menos para el ejercicio profesional de un fotógrafo de bodas en Gijón y alrededores. Pero no para la lírica, afortunadamente. La ilusión de una joven pareja de novios se sobrepone a todo. Días de lluvia incluidos. Así que, vaya desde aquí mi homenaje a todos aquellos que se han casado bajo la lluvia – algunos casi, literalmente- sin perder la sonrisa. Ni el buen ánimo.

Algunas de las celebraciones a las que he asistido como fotógrafo de bodas en Gijón en estos días, han estado mediatizadas por el mal tiempo. Es cierto. Y algunas sesisones preboda también. Como la última que hemos hecho en Avilés Algo bastante inusual en esta época del año, incluso para Asturias. Algunos planes se han visto alterados. Y algunos atuendos nupciales inoportunamente mojados. Pero eso  ha sido todo. El buen humor y las ganas de pasárselo bien de los invitados han prevalecido. Y para los novios no ha dejado de ser una anécdota. Porque lo que importa es lo que importa. El amor no entiende de nubarrones. Y si en alguna de nuestras entradas anteriores de este blog pedíamos más luz, como hacía Goethe, aquí parece que la tenemos al fin.

El caso es que en el trabajo de un fotógrafo de bodas la capacidad de adaptación cuenta como un valor importante. Adaptarse a los retos de la fotografía de interiores y aprovechar al máximo la ilumincación disponible forma parte de esa habilidad. O conseguir la concurrencia de la luz natural cuando esta es remisa a mostrarse en todo su esplendor. Son milagros que sólo un buen fotógrafo de bodas puede obrar. Y luego está el trabajo de edición, claro está. Un espacio para hacer que la magia del contraste y las curvas o los niveles de luminosidad nos presten toda su ayuda. Sin abusar, y sólo cuando esta es necesaria.

Fogógrafo de bodas en Gijón

Lo esencial, en la actividad del fotógrafo, sigue siendo el instinto, naturalmente. Pero en el reportaje de bodas, como en la sesión preboda o en el postboda, el profesional debe desplegar toda una serie de habilidades adquiridas. Hoy en día, puede conseguirse luz y sensación de aire fresco, casi en cualquier escenario, si se sabe cómo hacerlo. Ya no basta con esperar a las condiciones perfectas o con trabajar los posados con minuciosidad milimétrica. En la fotografía nupcial del siglo XXI hay que ser ágil y saber sacarle partido a todo. Aprovechar cualquier ventaja. Eso es lo que puede conseguir que esa sesión o ese reportaje, amenazado por lluvia acabe superando las expectativas de un día tan especial. Un reto que no cesa. Y que se renueva con cada boda.

 

 

 

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